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Tu Dios será mi Dios



“Respondió Rut: No me ruegues que te deje y me aparte de ti; porque a dondequiera que tu fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios” (Rut 1: 16)


Cuando pienso en las personas que nos atraen por la forma en que viven, me pregunto: ¿qué es lo atractivo de estas vidas que llaman la atención de una manera tan especial a los demás?

Puede ser atractivo ver familias que viven en armonía.

Puede ser atractivo para la mayoría de las personas ver a quienes parecen tener su vida en orden.

Es muy atractivo por ejemplo seguir a alguien que tiene un propósito, una visión clara del futuro y de sus prioridades.

Así mismo nos atraen quienes son sinceros, quienes no viven una doble vida o quienes defienden los valores de vida apropiados.

Sin duda hay quienes constituyen para nosotros ejemplo y a la vez un desafío al contemplar esas vidas que parecen tener un rumbo claro y un propósito específico tras el cual están corriendo.

Bajo esa perspectiva pienso: ¿es nuestra vida cristiana un atractivo para los demás? ¿Nos seguiría alguien solo porque ven en nuestra vida algo tan atrayente que vale la pena ser imitado?

Sin duda Rut después de perder a su esposo tuvo que tomar una decisión trascendental en su vida: ¿A quién seguiré? ¿Con quién viviré el resto de mis días? ¿Quién me servirá como un ejemplo de vida?

Su suegra Noemí quien también había quedado viuda dejó a sus nueras en libertad para volver a su pueblo. Pero esto solamente sirvió para que Rut se fortaleciera en su decisión.

Ella había analizado cada palabra de su suegra y había notado la forma en que cada una había sido dicha, y había tomado en cuenta todos los riesgos. Así que con palabras de amor y lealtad que son algunas de las más conmovedoras que jamás hayan sido escritas, suplicó: "No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada; así me haga Jehová, y aún me añada, que sólo la muerte hará separación entre nosotras dos."

Esta fue la decisión más importante que Rut jamás hizo en toda su vida. Esta decisión cambió el curso entero de su existencia y en consecuencia cambió su destino eterno.

No es una cuestión de si eres gentil o judío, hombre o mujer, rico o pobre, hispano o americano, blanco, moreno o mestizo. Lo que importa en realidad es la decisión que tú haces en tu vida en relación a Dios y el compromiso que adquieres. Esta es la gran decisión, no volver atrás, no regresar a una vida alejados del Dios verdadero, no retornar a una existencia vacía y sin sentido.

Así que te pregunto en este día: Si alguien te mira y observa tu testimonio, ¿estará atraído a seguirte? Podrá también repetir como Rut a Noemí: ¿Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios?


Pastor Harold Caicedo

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