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Un pie en el mundo, un pie en el cielo




“El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama” (Mateo 12:30)

No hace mucho, una mujer cristiana muy honesta escribió a un ministerio lo siguiente:

"¡Yo estoy asustada! he servido al Señor durante varios años, pero en los últimos años me he deslizado y me he puesto fría hacia Dios. Ya no tengo carga para las almas perdidas, ni urgencia por orar o leer la Biblia. Una oscuridad espiritual está cubriéndome. Pero lo que más me asusta es que no me preocupa lo que está pasándome, ¡Tengo miedo de que no tengo miedo!"

¿Podría estar pasando algo así en tu vida? ¿Ha sucedido antes?


Entre las religiones predominantes del mundo, los cristianos somos los únicos que separamos la vida secular de la vida espiritual. Ningún judío, musulmán o hindú, pueden concebir que por ejemplo un país que se considere cristiano legisle en contra de los valores cristianos, o que la gran mayoría de los considerados creyentes tenga una vida muy espiritual de domingos en la mañana, pero el resto del tiempo viva completamente apartados de las cosas de Dios.

Parece que muchos cristianos se han acostumbrado a vivir con un pie en el mundo y otro en el cielo.

Y entonces existen palabras que empiezan a desaparecer del vocabulario, porque ni siquiera se predican continuamente.

La palabra pecado se volvió muy religiosa.

Consagración parece que es solo para los ministros y pastores.

Santidad es sinónimo de vivir apartados de este mundo incrédulo.

Arrepentimiento es solo una palabra que usaron en la antigüedad Juan El Bautista y Jesús, pero que hoy en día ya no es muy aceptada.

Negarse a sí mismo, tomar la cruz y seguir a Jesús parece que para muchos fue solamente algo que se dijo para los antiguos o quizás para algunos más fanáticos, pero no para la gente común de nuestros tiempos.

El mensaje original del evangelio se ha ido cambiando lentamente y se ha ido acomodando al gusto del consumidor, pero no a la forma como este desafió a los primeros cristianos y los convirtió en una verdadera luz para los paganos de los tiempos antiguos.


¿Ha cambiado el mensaje del evangelio? ¿Ha cambiado el contenido de la Biblia? ¿Será que aplica para nosotros el llamado a la santidad, el amar a nuestros enemigos y orar por los que nos ultrajan y persiguen? ¿Será que ya no estamos llamados a ser la luz y la sal de este mundo? ¿Se ha convertido la iglesia de Jesucristo, simplemente en una extensión del mundo?


La iglesia que Dios va a bendecir no es una iglesia corrompida por el pecado o complaciente con el mundo.

Su promesa es que Él va a bendecir y proteger su iglesia, pero una iglesia santa, sin mancha ni arruga que sepa recibir y poner en práctica la palabra verdadera que viene de los cielos, aunque en muchas ocasiones esta palabra nos confronte con el pecado y la maldad.

Si, Dios va venir por su iglesia, pero es una iglesia santa, una iglesia de hombres y mujeres que han entendido el mensaje y que caminan de acuerdo a él y no a las cosas del mundo, una iglesia llena del Espíritu Santo donde se manifiesta la gloria de Dios.

¿Perteneces a esa iglesia?


Pastor Harold Caicedo

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